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Trayendo un nuevo amigo a casa


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Tamara

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MensajePublicado: 05/07/2013 17:58
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Exelente este articulo:

Martín R. Ojeda

Suele decirse que las primeras experiencias quedan grabadas en nuestra memoria y que –aventuro- determinan de forma consciente o inconsciente nuestra relación con los objetos y/o personas conocidas a través de ellas. Es precisamente el recuerdo de una de ellas la que me impulsa a escribir este pequeño artículo, esperando que sirva de ayuda para aquél neófito en el mundo canino que ha decidido adentrarse en él haciendo caso exclusivamente al corazón.

Gracias a cierto gusanillo ávido de conocimiento que mis profesores supieron contagiarme, decidí mientras estudiaba etología entrar en el mundo profesional del perro por la llamada “puerta chica”: el paseador; actividad que me permitiría ir ganando experiencia en el trato con el cánido ajeno y –terror de los terrores- con sus dueños.

Llegado el gran día del debut, toqué el telefonillo de un piso en un edificio de apartamentos, donde fui recibido por una señora de edad media-alta y complexión física más bien escasa, y un pequeño bichón maltés que me miraba receloso desde su acolchada camita rosa, en medio de una mullida alfombra también rosa, y embutido en un abriguito de color…sí, en efecto: rosa.

A mi rápida mirada de inexperto el perrillo casaba perfectamente con el ambiente y con su dueña. Dimos nuestra vuelta, pasamos por la peluquería donde tuvo corte y peinado (con colita rosa en la cabeza, no hace falta decirlo) y volvimos a su casa.

Hasta ahí, todo bien. Lo curioso apareció luego, cuando a través de la conversación surgió el tema de mis estudios y la consiguiente charla acerca de perros en la cual, para mi estupor, la dama refirió estar preocupada por temas de seguridad y que para subsanarlos quería comprarse nada menos que… un rottweiler!

Como apenas estaba comenzada mi formación, no me atreví a darle mi opinión y me fui tras desearle suerte, entre imágenes mentales de una señora de 1,50 de altura siendo arrastrada por la correa de un perrazo de 50 kilos, y de un bichón maltés merendado a la primera de cambio…

Reza el dicho que “Nada es nuevo bajo el sol” y ciertamente mucho se ha escrito ya acerca de la dificultad que entraña la elección de un perro para llevarlo a casa.

Antonio Pozuelos, en su artículo “¡Me voy a comprar un perro!”, da buena cuenta de las cuestiones más importantes: el objetivo para el que lo queremos, su carácter, el nuestro propio, nuestra formación y facultades de liderazgo, etc.; por lo que no veo necesario redundar en ellas.

Sin embargo, y reconociendo mi temeridad de novato, quiero llamar la atención del lector hacia otra forma de ver dichas cuestiones: el punto de vista de nuestro posible futuro amigo.

Bien sabido es que las diferentes razas de perros presentan distinto nivel de aptitudes que los hacen apropiados para ciertas actividades; aptitudes éstas transmitidas genéticamente y derivadas por un lado de la selección natural, y por el otro de la enorme injerencia que la mano del Hombre ha tenido en su desarrollo a través de la selección artificial.

Quisimos un perro guardián, y potenciamos su presa y defensa a través de cruces específicos; quisimos un pastor, y potenciamos su gregarismo y su resistencia; quisimos un perro de compañía para espacios reducidos, y sacrificamos algunas de esas características a favor del tamaño pequeño y la mayor sensibilidad psíquica…y así en una enorme lista de trabajos o actividades para las que decidimos utilizar al perro. Muy bien, pues; ahora es momento de ser responsable con nuestras “creaciones” y satisfacer adecuadamente sus necesidades.

Supongamos que pasamos por la tienda y nos enamoramos de un cachorro de cualquier raza de pastor. No nos interesa de él ninguna aptitud específica y su mera presencia satisfará nuestra necesidad de compañía. Pero…y lo que necesita él de nosotros?

-Compañía: llegas a casa y, por supuesto, tu fiel e incondicional amigo está allí para recibirte, moviendo la cola que parece que se le va a caer y pendiente del menor de tus gestos para complacerte. Qué satisfacción, verdad? Pero…cuánto tiempo has estado fuera de casa? Te permite tu trabajo compartir tu vida con él? Estarías dispuesto a sacrificar actividades de ocio para estar con él, o bien a cambiarlas por otras en las que podáis disfrutar uno del otro? Si la respuesta es negativa…qué tal comprarte mejor una pecera?

-Ejercicio: muy bien. Tienes un horario flexible, o incluso mejor, trabajas desde casa y puedes estar todo el día con tu amigo peludo. Ciertamente, tu perro pastor te hace compañía –y tú a él, claro- aunque esté dormido en el sofá como ahora, ocho horas al día. Algo en la imagen no cuadra, verdad? El perro necesita correr, moverse, sentirse útil; tienes que estimular su cuerpo, y también su mente para que pueda realizarse y ser Perro (así, con mayúsculas). Si no…qué tal comprarte mejor un perro de escayola?

-Espacio vital: fenomenal! Tienes tiempo de sobra para compartir con el perro, y tienes internalizado que llueva, nieve o truene hay que llevarlo fuera para que se ejercite y desfogue. Eso te permite dedicarle algo de tiempo exclusivamente a él, cosa que no puedes hacer en casa ya que él y tú compartís 20 metros cuadrados con cuatro gatos, un hurón y una cotorra…Suena la alarma otra vez: por muy sociable interespecíficamente que sea tu perro, necesita su espacio, sus juguetes, su sitio para estar tranquilo. Si no…igual mejor una colonia de hormigas, no?

-Espacio vital (2): excelente! Trabajas desde casa, nadie te quita tus dos horas de paseos diarios con tu perro (sin contar el tiempo de juego con él), y vives en un chalet con un jardín grande como un estadio de fútbol. Tienes dos perros que se llevan genial entre ellos, así que a por el tercero. Total, qué puede ir mal, verdad? Bueno, digamos que si tienes dos perros que se llevan bien, tienes una ecuación bien balanceada. Y cuando tienes una ecuación bien balanceada, la introducción de otro elemento en la misma ha de hacerse con mucho cuidado, o bien puede terminar en desastre. Has de examinar el carácter de los perros que tienes, sus necesidades y cualidades, y luego asegurarte –en lo posible- de que las que tiene el nuevo miembro serán compatibles con ellas. Para esto deberás tener ciertos conocimientos y una buena capacidad de observación. Si no…qué tal hablar con un etólogo?

En la historia que venimos escribiendo conjuntamente con los perros desde hace miles de años, nos hemos reservado el papel de dominantes, de ser los Super Alfas. Pero ese privilegio reporta también una gran responsabilidad: estamos a cargo de proveer el bienestar para ése que confía ciegamente en nosotros. Bienestar que está conformado por mucho más que la ración diaria de pienso y un techo bajo el cual dormir.

El primer paso para hacerlo es comprender que sus necesidades son distintas que las nuestras, pero no por eso menos importantes.-
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