Exceso de mimo y humanificación:

Las causas más frecuentes de todo tipo de problemas de comportamiento.

El título de este artículo es la frase más repetida en las entrevistas que tenemos en nuestra escuela con los propietarios de perros problemáticos.

¿Por qué es malo darle mucho mimo a mi perro?

Porque tu perro no es un ser humano, es sólo un perro. Son animales con otras características que nosotros. No responden de la misma manera al trato humano como una persona. Por mucho que queramos, nunca llegarán a ser como nosotros. Quiero dejar bien claro que hay que dar cariño y afecto a los perros. Lo importante es que sepáis dosificarlo y encontrar los momentos adecuados para dárselo. Igual de importante es saber corregir correctamente, bien dosificado y en el momento oportuno. No se debe olvidar nunca una norma básica para la buena convivencia con un perro: donde no hay disciplina tampoco puede haber cariño.

Educar a un perro no quiere decir darle muchos besos y permitirle muchos caprichos sin exigir nada a cambio. Desobediencia en general, hiperactividad, no poder quedarse solo en casa, no querer comer comida canina, miedos y agresividades excesivas tienen muy a menudo su origen en lo mismo, el exceso de mimo y la humanificación del perro. La mayor parte de las víctimas de mordeduras de perros son los propios dueños.

Un comentario muy frecuente es: "No lo entiendo, le hemos dado todo lo que necesitaba: la mejor comida, tres paseos diarios, un montón de cariño, duerme en mi cama, se sienta en el sofá a mi lado para ver la tele y le damos todo lo que él quiere. Vamos, vive como un rey y mira lo que me ha hecho". Nunca me cansaré de decir que el perro es el producto de su entorno, del trato que recibe. Estos problemas podrán tener como consecuencia que el animal no puede ser soportado más tiempo, acabando en la calle, la perrera municipal, sacrificado por un Veterinario o, en el mejor de los casos, reeducado con ayuda de un Educador Canino.

El perro es un animal social, lo cual quiere decir que vive en grupos o jaurías. Para él, su familia humana es una jauría de perros, no de personas; sus dueños son perros, te ve como un congénere. Esto implica que espera de ti comportamiento canino y que lo trates de forma canina. El perro sólo puede ser lo que es, un ser limitado que no entiende tu idioma, ni siquiera tus gestos. Él ha nacido para vivir como perro, comportándose como tal y relacionándose con sus congéneres. Es así porque tiene como antepasado al lobo. Aunque su aspecto exterior ha cambiado, por dentro sigue siendo muy parecido: su forma de ser, sus instintos y lenguaje no han cambiado. Por eso necesita que tú entiendas esta forma de ser y que aprendas a comunicarte con él, de no ser así no llegará a entenderte bien. Si no os entendéis, ¿cómo vais a ser capaces de convivir de forma satisfactoria?

Todos conocemos algún perro mimado en exceso que no causa ningún problema. En realidad, resulta casi siempre que algún que otro "problemilla" suele darse. Es cierto que no todos los perros tienen el mismo carácter y, por lo tanto, no responden de la misma forma al mismo trato. Tratar a tu perro como tal es nada menos que una obligación, su forma de ser te lo exige. No responder a esta necesidad que él tiene es como negarle lo que quizá, más que cualquier otra cosa, necesita para ser feliz, un jefe de jauría responsable, correcto y muy equilibrado.

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Fecha última actualización de esta página: 30 de marzo de 2008