Todo dueño de un perro debe comprender bien qué es lo que produce el exceso o la falta de cariño. A la vez, es fundamental saber el papel que juega la disciplina en todo lo relacionado con la actitud del perro. El esquema visualiza cómo los cuatro extremos de que consta el trato que das a tu perro producen distintas actitudes en este.
El eje horizontal muestra cómo por un lado está la hostilidad, contraria al afecto. El eje vertical es el que representa por un lado la autonomía y por el otro el control. Cada uno de estos factores se pueden ejercer en mayor o menor medida. Podemos dejar vivir a un perro con una autonomía total. A la vez podemos exponerle a un trato hostil. Como ves en el cuadrante superior izquierdo, este tipo de trato no produce nada interesante en la forma de ser de un perro. Un ejemplo de un perro que vive así es el perro que vive en un jardín, sin que nadie se ocupe apenas de él. Salvo en los momentos en que haya hecho algo mal: rompió un árbol, defecó en un lugar inadecuado, se escapó, ladró demasiado en un mal momento... En estos momentos su "dueño" se ocupa de castigarlo severamente, para que se entere de una vez por todas de que "eso no se hace".
Miramos ahora lo que sucede en el lado contrario. Aquí el perro sí reciba afecto, pero dispone de mucha autonomía. En el cuadrante superior derecho observas que un trato afectuoso que permite que un perro tenga demasiada autonomía tampoco llega a instaurar un comportamiento deseable. Mejor resultado da un trato afectuoso pero sin excesiva autonomía, aunque todavía deja algo que desear. Dependiendo del carácter individual de cada perro puedan producirse hechos no deseables como: desobediencia, excesiva actividad, difícil de controlar, agresividad...
En el cuadrante derecho inferior encontramos la conducta más deseable para un perro que vive en una familia, en nuestra sociedad humana. Un trato afectuoso y ciertamente exigente resulta ser lo más acertado para conseguir una actitud agradable del perro. Afecto y control sin excesos son las palabras claves que mejor resultado dan. Un control excesivo tampoco es lo más acertado porque no queremos tener un perro convertido en alfombra, pasivo y sin mucha motivación para hacer algo.
El cuadrante inferior izquierdo es otra combinación poco recomendable. A nadie le hace falta un perro convertido en una sombra, inseguro, imprevisible e incapaz de funcionar con normalidad.
De lo anterior puedes deducir que debes saber controlar bien el trato que das a tu perro ya que de tu forma de tratarlo depende en buena medida su forma de ser. Es obvio que debes saber manejar los factores AFECTO (cariño) y DISCIPLINA (control). Ni cariño sin control, ni control sin cariño, sacarán lo mejor de tu perro. Tampoco lo harán excesiva LIBERTAD (autonomía), ni LA MANO DURA (hostilidad).
Mano dura no tiene nada que ver con disciplina. Corregir no es igual a castigar sin control. Una corrección disciplinaria es necesaria a veces. Es importante a la hora de corregir que tu perro entienda el porqué de tu corrección y ésta debe estar adaptada al carácter individual de tu perro. Puede ser un carácter sumiso y sensible o dominante y resistente. Igual pasa con tu cariño. Con frecuencia los perros interpretan el cariño como entrega (sumisión) de parte de su dueño. Las muestras de sumisión dan lugar a errores con respecto a las posiciones que ocupa cada uno en la escalera jerárquica.
Restringir la libertad de tu perro no quiere decir que no pueda hacer nunca nada. Implica más bien que tú decides cuando
sí y cuando no puede hacer ciertas cosas, que entre él y el resto del mundo hay una fuerza superior a él que no puede
ignorar. Lo mejor que puedes hacer por él no es permitirle toda la libertad posible. Perderéis ambos el control,
tú el de la situación y él su auto-control.



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